Somos ingenieros de software y sabemos lo ridículamente fácil que es recopilar tus datos. Meter una biblioteca de rastreo en una app cuesta unas cuatro líneas de código y una tarde. A partir de ahí, tu móvil avisa al servidor de un desconocido cada vez que tocas un botón. Viene en la plantilla. Lo hace todo el mundo.
Ese es justo el problema. Después de años viendo cómo «lo hace todo el mundo» se convertía en un titular tras otro, decidimos hacer las apps al revés. Este artículo explica por qué, con palabras sencillas y sin jerga siempre que podamos evitarla.
Una breve e incompleta historia del «ups»
Seguramente recuerdas algunos de estos casos. En su momento, cada uno parecía algo aislado.
- 2018, Cambridge Analytica. Unas 270.000 personas hicieron un test de personalidad en Facebook. A través de sus listas de amigos, el test recogió sin hacer ruido datos de hasta 87 millones de personas, que luego se usaron para publicidad política dirigida (Wikipedia). Más tarde, Facebook pagó en EE. UU. una multa de 5.000 millones de dólares. La mayoría de esos 87 millones nunca tocaron el test.
- 2018, Strava. La app de deporte publicó un bonito «mapa de calor» de los sitios por donde corren sus usuarios. En él también se veía el contorno de bases militares secretas, porque los soldados también salen a correr.
- 2020, Muslim Pro. Se descubrió que la popular app musulmana de oración enviaba los datos de ubicación de sus usuarios al intermediario de datos X-Mode, entre cuyos clientes había contratistas del ejército estadounidense. La gente la había instalado para consultar los horarios de oración.
- 2021, 533 millones de números de teléfono. Los números de teléfono y los nombres de más de quinientos millones de usuarios de Facebook aparecieron en un foro de hackers. Los datos se habían extraído a través de una función de «encuentra a tus amigos».
- 2023, una multa récord. A Meta le impusieron en la UE una multa de 1.200 millones de euros por enviar datos de europeos a EE. UU. En aquel momento, era la mayor multa del RGPD de la historia.
- 2025, Gravy Analytics. Unos hackers entraron en un intermediario de datos de ubicación. La filtración enumeraba miles de apps corrientes (juegos, apps de citas, apps de deporte) cuyas ubicaciones de usuarios habían acabado allí, a menudo sin que los propios creadores de las apps lo supieran. Los datos se habían escapado a través del sistema publicitario.
- 2025, el truco del localhost. En un estudio llamado «Local Mess», unos investigadores descubrieron que el código de rastreo de Meta en los sitios web pasaba información a las apps de Facebook e Instagram instaladas en el mismo móvil Android. Así Meta podía vincular la navegación «anónima» con tu cuenta real, incluso en modo privado.
No hace falta que recuerdes los detalles. Lo importante es el patrón: los datos que se recopilan, tarde o temprano, se usan, se venden, se filtran o acaban en una multa. Normalmente, más de una de esas cosas.
¿Quieres la versión larga? La Comisión Federal de Comercio de EE. UU. (FTC) mantiene una lista de sus procedimientos sobre privacidad y seguridad de los datos, el despacho de abogados CMS gestiona el GDPR Enforcement Tracker con todas las multas conocidas públicamente impuestas según la legislación europea de protección de datos, y Wikipedia mantiene al día una lista de filtraciones de datos. Aviso: las tres son largas, y las tres están en inglés.
El problema de la linterna
Este es nuestro ejemplo favorito, precisamente porque es tan pequeño. En 2013, la Comisión Federal de Comercio de EE. UU. actuó contra una app de linterna tremendamente popular, Brightest Flashlight Free. Una linterna. Enviaba la ubicación exacta y el identificador del dispositivo de sus usuarios a redes publicitarias.
Desde el punto de vista de un ingeniero, esto es absurdo. En un móvil Android actual, encender la linterna no requiere ni un solo permiso. No hay ninguna razón técnica para que una linterna sepa dónde estás, quién está en tus contactos o qué más hay en tu móvil.
Pero los datos valen dinero, así que las apps los piden de todos modos. La app del tiempo quiere tu ubicación a todas horas, no solo cuando miras la previsión. El juego quiere tus contactos. El teclado quiere «acceso completo». La mayoría de las veces no es para la función. Es para la recopilación de datos de alguien, y cuantos más, mejor, porque así valen más para los anunciantes y para otros.
Cómo ocurre (rara vez hay un villano)
Para ser justos con nuestros colegas del sector: casi nada de esto lo hacen villanos de dibujos animados. Ocurre poco a poco, con una decisión aparentemente razonable detrás de otra:
- «Metamos analítica para saber qué botones usa la gente».
- «La biblioteca de anuncios paga las facturas, y es solo una línea».
- «Guardemos logs de todo, por si nos hace falta más adelante».
- «Hagamos que la gente se registre, así podremos enviarle novedades».
Cada paso tiene sentido por sí solo. Súmalos y tendrás una empresa sentada sobre un montón de datos personales que en realidad no necesita, custodiados por quien tuviera tiempo esa semana de configurar el servidor. Cada base de datos es una filtración futura esperando su fecha.
Así que nos pusimos unas reglas
Cuando empezamos con las apps móviles en EiBPM, pusimos por escrito lo que íbamos a hacer en su lugar. Diez reglas, sin excepciones. Aquí están, agrupadas según para qué sirven.
Eres el cliente, no el producto
- Sin publicidad. Cuando cobramos por una app, ese precio es todo el modelo de negocio. Nadie nos paga aparte por tu atención.
- Sin rastreadores. Sin bibliotecas de analítica, sin fingerprinting, sin conexiones discretas con terceros. ¿Esas cuatro líneas de código de la introducción? No las escribimos.
Si no hay nada que entregar, no hay nada que filtrar
- Sin cuentas. Sin registro, sin dirección de correo electrónico, sin contraseña que olvidar o que te puedan robar. La instalas y funciona.
- Sin recopilación de datos. Tus datos se quedan en tu dispositivo, porque no tenemos ningún servidor al que puedan ir a parar. No podemos perder lo que nunca hemos tenido.
- Sin espionaje de ubicación. Si una app necesita tu ubicación, por ejemplo para calcular a qué hora sale el sol donde estás, las cuentas se hacen en tu dispositivo. Nosotros nunca vemos el resultado.
Internet es la excepción, no la regla
- Sin conexión por defecto. Nuestras apps funcionan sin conexión. Solo se conectan cuando una función de verdad no puede hacerse de otra manera, y en ese caso te lo dicen.
- Privacidad por defecto. Solo pedimos un permiso cuando una función lo necesita de verdad. Todo lo opcional empieza desactivado, y eres tú quien lo activa.
Respeto por tu dispositivo y por tu tiempo
- Diseño claro. Pantallas honestas, texto legible, nada de patrones oscuros que te empujen hacia el botón de «Aceptar todo».
- Bajo consumo. Código que bebe a sorbos, no a tragos. En un reloj, la duración de la batería es una función, y una app que no está llamando a casa todo el rato gasta mucha menos.
- Sin app complementaria. Nuestras apps para reloj se valen por sí mismas. Obligarte a instalar una app en el móvil es una de las formas clásicas de recoger datos que el reloj por sí solo nunca habría entregado.
«No podemos» gana a «no queremos»
Esta es la idea de ingeniería que está en el centro de todo. Una política de privacidad es una promesa: no haremos un mal uso de tus datos. Las promesas se rompen. Las empresas se venden, los presupuestos se recortan, los servidores se hackean, las políticas se «actualizan».
Así que apostamos por la arquitectura en lugar de por las promesas: no podemos hacer un mal uso de tus datos, porque no los tenemos. Y cuando decimos nada, es nada. Ni siquiera tenemos una lista de clientes. Cuando compras una de nuestras apps, Google Play se encarga del pago, y lo único que nos llega es un número de pedido, el país desde el que se hizo y, en algunos países, un código postal a efectos fiscales. Ni nombre, ni dirección de correo electrónico, ni idea de quién eres.
Si mañana alguien entrara en nuestros sistemas, se iría con las manos vacías. No hay nada que vender, nada que filtrar, nada que un juez nos pueda exigir.
Lo que nos cuesta (con toda sinceridad)
Esto no nos sale gratis, y no vamos a fingir lo contrario.
- No sabemos qué funciones usas más. Cuando queremos saberlo, tenemos que preguntártelo, como si estuviéramos en 1995.
- Cuando algo falla, muchas veces no nos enteramos hasta que tú nos lo cuentas. (Google Play muestra a todos los desarrolladores recuentos anónimos de cierres inesperados. Es el sistema de Google, no algo que hayamos integrado nosotros, y no va más allá.)
- No podemos enviarte correos de «¡Te echamos de menos!», porque no tenemos tu dirección de correo. Para nosotros, eso es una función.
- Y tenemos que cobrar dinero de verdad, porque nos negamos a recuperarlo vendiéndote a ti.
Nos parece un trato justo. Puede que estés de acuerdo o no, pero al menos sabes exactamente en qué consiste el trato.
Tres cosas que puedes hacer hoy frente a la economía de los datos, con cualquier app
No hace falta ser ingeniero para plantar un poco de cara:
- Pregúntate: «¿Para qué necesita esto?». Cuando una app te pida un permiso, piensa si la función que quieres lo necesita de verdad. Una linterna no necesita tu ubicación. Una calculadora no necesita tus contactos. Si tienes dudas, toca «No permitir» y comprueba si la app sigue funcionando. Normalmente, sí.
- Mira la sección «Seguridad de los datos» en Play Store antes de instalar. No es perfecta, pero una lista larga de «datos compartidos con terceros» dice mucho.
- Desconfía un poco de lo «gratis». No todas las apps gratuitas te venden, pero alguien paga los servidores y a los desarrolladores. Si no eres tú, merece la pena preguntarse quién es.
La versión corta
Como usuarios de apps, nos cansamos de ser el producto, así que decidimos no convertir a nadie más en uno. Las apps de EiBPM hacen su trabajo, en tu dispositivo, y luego te dejan en paz. Sin publicidad, sin rastreadores, sin cuentas, sin un servidor lleno de tu vida.
Y, sinceramente, nada de esto debería ser especial. Las apps que te respetan deberían ser lo normal, no un nicho para quienes se preocupan por la privacidad. Tus latidos, tu sueño, dónde estuviste esta mañana: eso es tu vida. Su sitio está en tu dispositivo y bajo tu control, no en el servidor de otro esperando el próximo «ups».
Cada app construida sobre principios como los diez de arriba te devuelve un poco de ese control. Nos encantaría que todo el sector siguiera el ejemplo. Hasta que lo haga, seguiremos creando apps que demuestran que se puede. Nuestros diez principios están en la página de inicio.
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